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title: "Maíz: agua y nutrición, las claves para lograr más rendimiento"
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description: "La campaña de maíz comienza con una buena disponibilidad de agua en numerosos ambientes productivos, pero el progresivo deterioro de la fertilidad de los suelos plantea un desafío. Desde FERTILIZAR AC advierten que el análisis de suelo, una nutrición balanceada y un manejo eficiente del agua serán determinantes para transformar el potencial genético del cultivo en rendimiento."
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date_published: "2026-09-09T06:15:00-03:00"
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  - "fertilización"
  - "maíz"
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# Maíz: agua y nutrición, las claves para lograr más rendimiento

El maíz se consolidó como uno de los cultivos estratégicos de la agricultura argentina. En la última campaña, la superficie sembrada superó las 10 millones de hectáreas, mientras que la producción se ubicó cerca de los 70 millones de toneladas.

Su importancia excede a la generación de divisas por exportaciones. El cultivo también resulta fundamental para el agregado de valor en origen y la producción de proteínas animales, especialmente en los sistemas ganaderos y lecheros, donde el silo de maíz representa más del 40% de la alimentación animal.

En este escenario, la nueva campaña presenta una condición favorable: buena disponibilidad hídrica en amplias zonas productivas. Sin embargo, desde FERTILIZAR AC advierten que contar con agua no garantiza por sí solo alcanzar altos rendimientos.

“Tenemos agua disponible y genética con un enorme potencial. El desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento”, destacó María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC.

### El potencial genético necesita una nutrición adecuada

El mejoramiento genético permitió incrementar de manera sostenida el potencial productivo del maíz y ampliar las alternativas de manejo, tanto en siembras tempranas como tardías.

Pero ese potencial necesita ser acompañado por una adecuada disponibilidad de nutrientes.

Según González Sanjuan, un maíz con un rendimiento objetivo de 120 quintales por hectárea requiere aproximadamente 260 kilos de nitrógeno y 48 kilos de fósforo por hectárea, entre otros nutrientes.

La diferencia entre los requerimientos del cultivo y los nutrientes efectivamente aportados constituye uno de los factores que explican las brechas productivas. En promedio, la agricultura argentina cosecha alrededor de un 30% menos de grano de maíz que su potencial estimado.

A esto se suma un problema estructural: la reposición de nutrientes continúa siendo inferior a la extracción realizada por las cosechas.

Durante la última campaña se repuso menos del 40% de los principales nutrientes exportados con los granos, generando balances negativos de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc.

### Más agua también significa una oportunidad mayor

Los perfiles de suelo llegan a la campaña con buenas reservas de agua en muchas regiones, producto de las lluvias registradas durante los últimos meses.

Para FERTILIZAR AC, esta situación representa una oportunidad que debe estar acompañada por un correcto diagnóstico nutricional.

Una adecuada disponibilidad de nutrientes permite que el cultivo utilice de manera más eficiente el agua disponible y transforme una mayor cantidad de milímetros en rendimiento.

Los ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de FERTILIZAR AC muestran incrementos de entre 22% y 44% en la eficiencia de uso del agua cuando el maíz recibe una nutrición adecuada.

En esos ensayos, la eficiencia pasó de menos de 12 kilos de grano por milímetro de agua a casi 17 kilos por milímetro. Sobre un escenario de 500 milímetros de agua disponible, la diferencia representa aproximadamente 2.500 kilos adicionales de maíz.

“Agua y nutrientes deben pensarse en forma integrada. Un cultivo bien nutrido tiene mejores herramientas para aprovechar el agua disponible”, explicó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR AC.

### Análisis de suelo: el primer paso antes de fertilizar

Una de las principales recomendaciones para esta campaña es comenzar con un análisis de suelo que permita conocer la oferta real de nutrientes de cada lote.

Sin embargo, la herramienta todavía tiene una adopción limitada. Según una encuesta reciente de FERTILIZAR AC, solamente el 26% de la superficie analizada se muestrea todos los años, mientras que un 9% nunca se analiza y un 17% lo hace con muy baja frecuencia.

También existen diferencias importantes entre regiones. En el sudeste y oeste, el 44% de los productores realiza muestreos anuales, mientras que en el norte ese porcentaje cae al 15% y un 26% declara no realizar análisis.

Para planificar la fertilización del maíz se recomienda evaluar fósforo extractable, zinc y azufre de sulfatos en los primeros 20 centímetros del suelo, además de determinar la disponibilidad de nitrógeno mediante el análisis de nitratos hasta los 60 centímetros.

“El análisis de suelo es la inversión más pequeña dentro del costo total de implantación y, al mismo tiempo, una de las que más información aporta para tomar decisiones de manejo de gran impacto”, remarcó Ciarlo.

### Nitrógeno: ajustar la dosis al potencial de cada ambiente

El nitrógeno aparece como uno de los nutrientes que más condiciona el rendimiento del maíz.

Para alcanzar un objetivo de 12.000 kilos por hectárea, el cultivo necesita absorber aproximadamente 260 kilos de nitrógeno por hectárea. Pero la cantidad de fertilizante no debe definirse únicamente a partir de esa demanda.

La recomendación debe considerar la oferta inicial de nitratos, la mineralización de la materia orgánica y el potencial productivo de cada ambiente.

Una de las herramientas disponibles es el Nan —Nitrógeno incubado en anaerobiosis—, que permite estimar el potencial de mineralización del suelo y ajustar con mayor precisión la estrategia de fertilización.

Durante el ciclo también pueden utilizarse sensores de vegetación, clorofilómetros e índices como NDVI para monitorear el estado nutricional y detectar posibles deficiencias.

### Cerrar la brecha sin comprometer la fertilidad futura

El desafío no pasa solamente por obtener el mayor rendimiento posible durante la próxima cosecha. También implica evitar que la extracción sistemática de nutrientes reduzca la capacidad productiva de los suelos.

Por eso, desde FERTILIZAR AC plantean la necesidad de combinar diagnóstico, fertilización balanceada y monitoreo para acompañar el potencial genético del cultivo.

“Cada cosecha se lleva nutrientes y, si sistemáticamente extraemos más de lo que devolvemos, estamos consumiendo parte de la fertilidad que construyó nuestro sistema productivo”, concluyó González Sanjuan.

Con agua disponible y genética de alto potencial, el desafío para la campaña de maíz será entonces no dejar que la nutrición se convierta en el factor que limite el rendimiento. **(CampoNoticias)**

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