Un estudio del INTA en la Cuenca del Salado mostró que aplicar estrategias de mitigación permitió reducir emisiones y, al mismo tiempo, mejorar la productividad ganadera. La producción por vientre aumentaría un 40%, mientras que se evitarían unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040.