CONGRESO MAIZAR 2026: De granero del mundo a potencia bioeconómica: el desafío de transformar el territorio y agregar valor

La Argentina atraviesa una profunda transformación productiva y territorial que obliga a repensar viejas categorías y construir una nueva narrativa de desarrollo.
Agricultura - Maiz31/05/2026RedaccionRedaccion
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Esa fue una de las principales conclusiones del panel "Una ciudad, una provincia y un país: reconfiguraciones de modelos productivos arcaicos hacia la bioeconomía", realizado durante el Congreso Maizar 2026.

La discusión reunió al consultor y exdiputado nacional Fabio Quetglas, al intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella, al exdirector general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Manuel Otero, y al economista jefe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, Gonzalo Agusto. La moderación estuvo a cargo del especialista en bioeconomía Fernando Vilella.

Una nueva narrativa para la Argentina

Al abrir el panel, Vilella planteó la necesidad de superar la histórica dicotomía entre campo y ciudad para pensar un modelo de desarrollo basado en la complementariedad y la integración al mundo.

En esa línea, Manuel Otero sostuvo que la Argentina debe abandonar definitivamente la imagen de simple exportador de materias primas para posicionarse como una potencia agroalimentaria basada en el conocimiento, la innovación y la bioeconomía.

"Nos han puesto apodos como 'granero del mundo' o exportador de commodities. Tenemos que definir cómo queremos ser vistos", afirmó.

Tras casi cuatro décadas de trabajo internacional, Otero destacó que el país cuenta con una ventaja diferencial única: ser el lugar donde las tecnologías agronómicas más avanzadas se prueban a escala real.

Para el exdirector del IICA, la nueva identidad argentina debe apoyarse en la diversidad productiva de sus regiones, la sostenibilidad de sus sistemas agropecuarios y la capacidad de demostrar esos atributos mediante certificaciones y sistemas de trazabilidad.

"La Argentina debe proyectarse como una plataforma global de bioeconomía y como un actor geopolítico relevante en la producción de alimentos, energía y soluciones ambientales", aseguró.

El territorio cambia y exige nuevas políticas

Fabio Quetglas aportó una mirada estratégica sobre las transformaciones territoriales que atraviesa el país.

Según explicó, muchas de las categorías con las que tradicionalmente se analiza la realidad argentina pertenecen al siglo pasado y ya no reflejan los cambios que se están produciendo.

"El territorio no es un stock inmóvil. Es una construcción dinámica que cambia permanentemente por factores económicos, tecnológicos y demográficos", señaló.

Como ejemplo recordó que, hacia 1810, dos tercios de la población argentina se concentraban al norte de Córdoba, una distribución completamente distinta a la actual.

Para Quetglas, la Argentina atraviesa hoy una transformación territorial comparable a la que ocurrió cuando el país se integró a los mercados globales a fines del siglo XIX mediante el ferrocarril, la inmigración y la expansión agroexportadora.

En ese contexto advirtió sobre el surgimiento de una nueva "Argentina andina", impulsada por inversiones vinculadas a la minería, la energía y los incentivos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

Sin embargo, alertó sobre la necesidad de acompañar ese proceso con políticas sociodemográficas que eviten reproducir problemas de concentración urbana y desigualdad.

"Si somos un país y no solamente un mercado, necesitamos políticas que acompañen estos cambios territoriales", sostuvo.

Córdoba y la revolución del maíz

Uno de los casos más destacados de transformación productiva fue presentado por Gonzalo Agusto, quien repasó la evolución de la cadena maicera cordobesa.

Actualmente Córdoba produce alrededor de 20 millones de toneladas de maíz por año y procesa localmente cerca de 4,5 millones de toneladas.

El economista explicó que el crecimiento del cereal fue impulsado por cambios en las condiciones económicas, como la eliminación de restricciones a las exportaciones, una mayor libertad cambiaria y una reducción relativa de los derechos de exportación respecto de la soja.

"Hace menos de dos décadas había cuatro hectáreas de soja por cada hectárea de maíz. Hoy prácticamente estamos en una relación uno a uno", destacó.

La expansión permitió alcanzar unas tres millones de hectáreas sembradas y una inversión anual cercana a los 1.800 millones de dólares por parte de los productores.

En 2025, el maíz se convirtió en el principal producto exportado por Córdoba, generando ingresos por aproximadamente 3.500 millones de dólares.

No obstante, Agusto consideró que todavía existe un enorme potencial para seguir agregando valor dentro de la provincia.

Actualmente la industria del etanol consume alrededor de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, pero también existen oportunidades de crecimiento en los sectores porcino, bovino, lácteo y avícola.

"Sabemos cómo hacerlo. El desafío es escalar esos procesos y generar condiciones estables para atraer inversiones de largo plazo", afirmó.

Venado Tuerto, un modelo de desarrollo territorial

La experiencia de Venado Tuerto fue presentada por su intendente, Leonel Chiarella, quien expuso cómo la planificación estratégica permitió consolidar un ecosistema productivo basado en la bioeconomía y el conocimiento.

Según explicó, el desarrollo local se construyó a partir de un proceso participativo que involucró a más de 3.000 vecinos y derivó en un plan estratégico con horizonte a diez años.

El programa incluye 56 proyectos vinculados a infraestructura, fortalecimiento productivo, energías renovables y economía del conocimiento.

"El desarrollo territorial no se hace desde un escritorio. Se construye con participación, evidencia y planificación", señaló.

Chiarella destacó que cerca del 70% de las iniciativas ya se encuentran ejecutadas o en marcha, generando previsibilidad para quienes deciden invertir en la ciudad.

Otro de los ejes fue la formación de recursos humanos adaptados a las necesidades productivas de la región.

A través de acuerdos con empresas y universidades, el municipio impulsó programas de capacitación que permitieron insertar laboralmente a más de 1.280 personas, especialmente en sectores vinculados a la industria semillera y agroindustrial.

La bioeconomía como motor del desarrollo

A lo largo del panel surgió un consenso claro: la bioeconomía representa una oportunidad histórica para diversificar la producción, generar empleo de calidad y fortalecer el arraigo territorial.

Los expositores coincidieron en que la transformación no ocurrirá de manera automática y que requiere planificación, instituciones sólidas, inversión en conocimiento y una visión estratégica de largo plazo.

En ese marco, la Argentina aparece frente al desafío de construir una identidad internacional basada no solo en la producción primaria, sino también en la capacidad de transformar recursos biológicos en alimentos, energía, biomateriales y conocimiento.

"El agregado de valor no ocurre por inercia. Hay que construirlo", resumió Fernando Vilella al cierre del debate.

La conclusión compartida por los especialistas fue que el futuro del país dependerá, en gran medida, de su capacidad para convertir su riqueza biológica y territorial en una verdadera estrategia de desarrollo sostenible e integración global. (CampoNoticias)

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