
En el Forum de Agronegocios Lide, Elztain cruzo a Bartolome, de GDM , cuando abordo el tema de la ley de semillas
Camponoticias
La discusión por el tema de la ley de semillas se involucro en la charla final sobre el Agro y la Agenda Argentina 2030 que moderaba el titular de Lide, Rodolfo de Felipe.
Ignacio Bartolomé, CEO de GDM, avanzo en su tendenciosa explicación acerca de la importancia de que las nuevas tecnologías incorporadas a las semillas puedan ser reconocidas y cobradas cuando Alejandro Elsztain, CEO de Cresud, una de las principales empresas del país, pidió la palabra. No era una discusión acerca de si la tecnología tenía valor.
Pero Elsztain despues de aclarar que él mismo paga por ella, puso sobre la mesa el tema central que se sigue discutiendo en las reuniones que convoca el INASE, sobre la actualizacion de la Ley de Semillas, que es cómo debería hacerse para que ese costo pueda ser incorporado por los productores después de años de dificultades para el sector.

“Soy de los que pagan, te puedo decir eso. Pero se tienen que poner en los zapatos [de los productores] con un país que hizo algo que no es normal: las retenciones”, comenzó Elsztain. Y enseguida puso el foco en la situación económica que atravesó el agro argentino y en el impacto de los Derechos de Exportacion (DEX)
Su propuesta fue que el pago por la tecnología siguiera una lógica gradual, en línea con el proceso de reducción de las retenciones. “Creo que lo tienen que hacer de una forma también gradual para que el productor lo pueda aceptar”, sostuvo.
Bartolomé retomó entonces la palabra. Para el CEO de GDM, el problema central es que la Argentina necesita un marco regulatorio que permita reconocer la propiedad intelectual y, a partir de allí, generar las condiciones para que las nuevas tecnologías lleguen al país. “Es una decisión de cada uno, que tiene que haber un marco para que el que quiera la tecnología la pague, el que no quiera no la pague”, respondió.
Por eso, para Bartolomé, el cambio regulatorio es una condición para que las empresas puedan llevar esos desarrollos al mercado argentino: “Mientras la Argentina no haga un cambio regulatorio para que esa tecnología se pueda vender y se pueda cobrar por lo que se vende, probablemente la tecnología no llegue a la Argentina”.

En ese contexto, la industria encontró una vía alternativa mientras intenta avanzar en un cambio más amplio. Explicó que se puso en marcha un esquema privado [Sembrá Evolución] mediante el cual el productor que quiere acceder a determinadas tecnologías se compromete contractualmente a pagar por ellas. El que no quiere hacerlo, señaló, puede continuar utilizando variedades anteriores. Y el mecanismo, según explicó durante el panel, ya cuenta con 30.000 productores que firmaron ese acuerdo. Ese número es uno de los argumentos que utilizó para plantear que el debate no necesariamente pasa por una resistencia generalizada de los productores. Para el empresario, existe un sector dispuesto a asumir ese costo si tiene acceso a nuevas tecnologías.
También cuestionó el costo que implica para las empresas controlar quién paga y quién no: “Hoy gastamos exactamente lo mismo en controlar que nos paguen que en desarrollar variedades”.
El contrapunto de Elsztain introdujo otra dimensión en la discusión: el momento económico del productor. El CEO de Cresud dijo que el agro atravesó un período de “supervivencia” y que, aunque él paga por la tecnología, entiende que para otros productores asumir nuevamente ese costo requiere una transición: “No los justifico, pero entiendo la situación. Entonces, el Gobierno está reduciendo las retenciones de manera gradual [desde enero próximo], proyectando 0,25 por mes por año hasta llegar al 21%”.
Después, la conversación volvió hacia el escenario general del agro. Ignacio Lartirigoyen, presidente de Lartirigoyen, puso el foco en la competitividad; señaló que el agro debe volver a priorizar la eficiencia agronómica, producir al menor costo posible y responder a las exigencias de los mercados en un contexto de costos elevados.
Elsztain destacó la reducción de la brecha cambiaria y el ingreso de nuevas tecnologías, y describió una etapa en la que el productor vuelve a mirar hacia la incorporación de herramientas para mejorar la producción. Habló de la escala de las explotaciones de la Argentina y de Sudamérica como una característica diferencial frente a buena parte de los productores del mundo. Para Elsztain, esa dimensión, sumada a la tecnología y a la juventud de los productores de la región, constituye una oportunidad para consolidarse como una gran zona proveedora de alimentos. Pero marcó el desafío de mejorar los costos en el traslado de la producción.(CampoNoticias)


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