La soja y el girasol ya sienten la baja reposición de nutrientes en el oeste bonaerense

En el Simposio Regional FERTILIDAD 2026, la investigadora Mirian Barraco advirtió que la pérdida de fertilidad en los suelos del oeste bonaerense empieza a impactar sobre soja y girasol, cultivos que muestran respuestas crecientes a fósforo, azufre y manejo biológico.
Agricultura 22/05/2026RedaccionRedaccion

La degradación de la fertilidad de los suelos agrícolas comienza a reflejarse con fuerza incluso en cultivos históricamente considerados menos dependientes de la fertilización, como la soja y el girasol.

Así lo planteó Mirian Barraco durante el Simposio Regional FERTILIDAD 2026 realizado en Santa Rosa, La Pampa, donde presentó resultados de ensayos realizados en el noroeste y oeste bonaerense.

Según explicó la especialista del INTA General Villegas, la baja reposición de nutrientes en los últimos años llevó a una pérdida progresiva de fertilidad, especialmente en ambientes restrictivos y suelos arenosos con menor contenido de materia orgánica.

“Tradicionalmente son cultivos que recibieron poco aporte de fertilización porque se consideraba que se sembraban en suelos bien provistos. Pero la baja reposición de fósforo llevó a situaciones de deficiencia y ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes”, sostuvo.

Barraco explicó que tanto la soja como el girasol tienen requerimientos nutricionales específicos y una fuerte demanda de fósforo y azufre, elementos clave para sostener rendimiento y calidad de grano.

En soja, uno de los puntos destacados fue el rol de la fijación biológica de nitrógeno, mecanismo que puede aportar cerca del 50% de las necesidades del cultivo.

Sin embargo, advirtió que los procesos de acidificación y la disminución de calcio en los suelos afectan directamente la nodulación.

“La inoculación sigue siendo una de las tecnologías de mayor retorno agronómico. Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, afirmó.

Otro de los aspectos que encendió alertas fue el deterioro de los niveles de fósforo disponible.

Según la investigadora, actualmente “el 50% de los lotes de nuestra región deberían recibir fertilización fosfatada”, aunque aclaró que tanto soja como girasol son sensibles a altas dosis aplicadas en la línea de siembra por posibles efectos de fitotoxicidad.

Por eso remarcó la necesidad de pensar la nutrición fosfatada como una estrategia de reposición de largo plazo y no únicamente como una práctica puntual de campaña.

“Tiene que haber un plan de reposición sostenido en el tiempo”, señaló.

En paralelo, indicó que la pérdida de materia orgánica y los años de agricultura continua están generando respuestas crecientes al azufre.

“Más años de agricultura y lotes pobres en materia orgánica muestran mayor respuesta al azufre”, explicó.

En el caso del girasol, Barraco mostró respuestas positivas a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque advirtió que el manejo del nitrógeno requiere especial cuidado para evitar impactos negativos sobre el contenido de aceite.

“Si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”, indicó, al recomendar esquemas moderados y aplicaciones en estadios V4 o V6.

“El azufre le da un escalón de rendimiento”, resumió.

Finalmente, la especialista sostuvo que las rotaciones y la incorporación de cultivos de cobertura serán herramientas fundamentales para recuperar fertilidad y sostener la productividad en sistemas agrícolas cada vez más exigidos. (CampoNoticias)

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