Repensando la producción de garbanzo

Economias Regionales 24 de octubre de 2019 Por
Uno de los paneles que se desarrolló en la jornada de actualización técnica y comercial de legumbres secas apuntó al trabajo que tiene que desarrollar este cultivo, como cadena, para insertarse mejor en el exterior.
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Ing. Roberto Peralta( Halcón Monitoreos), Ing. Daniel Mazzarela ( Se.NA.SA),Ing. Laura Brito ( Asesorea CREA)( FCA UNC)

En una zona del país en la que se produce garbanzo, de repente ataca una plaga. Pero los productos que se utilizan en otros cultivos para controlarla, no están inscriptos para esta legumbre. Entonces los productores y técnicos le piden al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) que permita la aplicación de este principio activo en garbanzo. El organismo lo avala, pero cuando el grano llega a la industria, advierten que los mercados importadores no avalan residuos de este fitosanitario en el alimento.

La situación anterior es hipotética pero no sería descabellado que se dé en la realidad. Así lo expuso Roberto Peralta, socio de Halcón Monitoreos, al encabezar el panel “Repensando la forma de producir garbanzo”, el primero que se llevó a cabo en la Jornada de Actualización Técnica y Comercial de Legumbres Secas, realizada en el centro de convenciones de Dinosaurio Mall, en la ciudad de Córdoba.

Peralta fue el moderador de una charla-debate de la que participaron Daniel Mazzarella (Senasa), Laura Britos (asesora del Grupo Crea Capilla de Sitón) y Mercedes Amuchástegui (representante de la firma Tecnocampo), y en la que se hizo foco sobre Límites Máximos de Residuos (LMR) en toda la cadena productiva.

El objetivo, según remarcó Peralta, fue “apuntar concretamente a qué es lo que está demandando el mercado de las specialities”. Por eso, hubo representantes de las tres patas principales que sostienen a la cadena: el organismo de control (Senasa), quienes necesitan y usan las tecnologías (productores) y quienes venden el producto al exterior y conocen de primera mano las necesidades de los mercados (la industria).

“El punto de partida es que no estamos trabajando de forma integral. No están interactuando todas las partes como deberían y estamos en un momento en que el tema de los límites máximos es cada vez más sensible, porque el garbanzo es un producto que va directo a la mesa”, subrayó Peralta.

Desde su punto de vista, por ejemplo, uno de los problemas es que se suelen transpolar a la legumbre las estrategias agronómicas que se siguen para los cultivos extensivos, como la soja; cuando lo que corresponde es un manejo particular y específico para garbanzo.

También mencionó el problema de que en muchos casos los exámenes de los laboratorios locales no suelen encontrar LMR, pero los que se realizan en Europa, a veces sí.

“Es un tema que ya está complicado, y donde no lo está, se va a empezar a complicar. Por eso es que hay que prestar mucha atención y repensar la manera en que estamos produciendo”, continuó Peralta.

Y concluyó: “En general, siempre vamos por detrás de los controles y lo que tenemos que hacer es cambiar eso, haciendo las cosas como son. La biología no entiende de los problemas humanos”.

Visiones

En este contexto, Mazzarella remarcó que está abierta la posibilidad de enviar información y ensayos al Senasa para que se actualicen los registros de uso de fitosanitarios. Por eso, invitó a los productores y a las empresas que interactúen con el organismo, para acelerar estos procesos.

Amuchástegui, por su parte, llamó a un cambio en las formas de producir. “El 98 por ciento de las legumbres se exportan y como productores estamos poco acostumbrados a saber qué quiere el mercado al que le vendemos”, enfatizó.

Y completó: “Las barreras de los LMR son cada vez más altas. Sin información del productor de qué hace a campo y cómo lo hace, toda la cadena hacia atrás va a hacer complicado que subsista”.

Britos, por su parte, reconoció que los técnicos a campo muchas veces utilizan productos registrados para cultivos extensivos pero no para legumbres porque se prioriza la protección de las plantas ante el ataque de malezas, plagas o enfermedades.

También admitió que falta interacción: “Los técnicos trabajamos por separado y está faltando más vinculación con las empresas”.

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